Habría que hacer un teorema sobe la cabezonería de las mulas, porque a parte de seguir la ley del yo-hago-lo-que-quiero también deciden ser de lo más inoportunas…

Mientras la caballería campesina huía (para poder reunirse más adelante, porque claro, hay que saber hacer uso de la estrategia) de un pueblo atemorizado (éstos no usan estrategia, simplemente corren) de un escudo, un guerrero y una mula, otra mula que curiosamente era la mejor amiga de la primera mula, decidió que tenía hambre y que quería comer.

Por si alguien no conoce la jerarquía del mundo mulero-burrero-caballil, sabrán las mulas mandan sobre los burros y los burros mandan sobre los caballos. Así que como la única mula que quedaba en la caballería campesina quería comer, todos obedientes pararon a comer con ella. Y ya se puede imaginar cualquiera la cara de los campesinos cuando veían que los bichos querían comer mientras el ruido estridente, histérico y atronador se iba acercando cada vez más y mas…

Y no podían huir, todos los animales estaban apelotonados en el único matorral que había por la zona, buen lugar había elegido la mula, sin casi hierbas, pero a ella le daba igual, ella quería su ración. Y el ruido era más molesto, más y más molesto, le estaban fastidiando el ágape… Decidió apartarse del matorral, fue con cara de pocos amigos en dirección donde venía el estruendo y por mucho que quien la montaba dijera lo contrario, ella seguía.

Notó que su lomo se humedecía, eso la enfadó mucho porque aunque estuviese calentito, era muy desagradable que alguien se le meara encima. Ya babeando de la rabia apareció ante el pueblo entero histérico y con un grito atronador, cavernoso y de ultratumba. La gente del poblado paró en seco y salió corriendo dirección al pueblo, la mula se puso a correr tras ellos muy mosca y el resto de la caballería campesina detrás de ella, porque ella era la reina, ella era la que mandaba y su cabezonería es la palabra de dios.