Todos conocemos lo cabezotas que pueden ser las mulas, y si insistencia en ideas fijas, si quieren ir para un lado no te pongas por en medio que a ellas les da igual, quieren ir para allá. Así que uno puede imaginarse una manada de mulas cabezotas cabezonadas en ir a un sitio.. pero aún así no serían tan cabezotas como la cabezota que le tocó a nuestro querido guerrero.

La mula decidió que quería ser la primera en llegar al castillo, nuestro querido guerrero quería que llegara la última y el escudo sólo pedía que dejaran de forcejear que no se encontraba demasiado bien, que se sentía hinchado. Así pues mientras la mula corría, el guerrerro chillaba soooo y el escudo lloraba histérico por su malestar. Tal escándalo armaban, que al llegar al siguiente pueblo, donde técnicamente iban a pasar la noche se lo encontraron desértico.

– ¿Qué ha pasado aquí? – Preguntar nuestro querido guerrero, de golpe notó que en su espalda le recorría un líquido muy raro – Lechuga… ¿te has meado?

– Buaaaaa, yo no meo, pero noto como si algo fuera a salir de mí.