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– ¡Ay que no puedo, ay que no aguanto..! – chillaba el escudo mientras nuestro querido guerrero miraba suplicante hacia un lado y hacia otro sin saber qué hacer, sin poder pedir ayuda porque no había nadie. ¿Qué coño le estaba pasando al escudo? ¿Acaso eso era normal? No lo podía comprender, pues él sólo había asistido a un parto, al suyo, y le habían aporreado tanto que no se acordaba nada (nadie dice que el verdadero motivo es porque el trauma que tiene aquél/la que recuerda su parto es de por vida y no quiere hacer sufrir lo mismo a sus hijos).

Y mientras nuestro querido guerrero corría de un lado buscando cosas que podían ser útiles: toallas, gasas, agua hirviendo y alcohol, el pueblo entero corría huyendo de sus salvadores porque habían cabreado a la mula reina.

– ¡¡QUE YA VIENE, QUE YA VIENE!! – Chilló Lechuga. Lee el resto de esta entrada »

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Habría que hacer un teorema sobe la cabezonería de las mulas, porque a parte de seguir la ley del yo-hago-lo-que-quiero también deciden ser de lo más inoportunas…

Mientras la caballería campesina huía (para poder reunirse más adelante, porque claro, hay que saber hacer uso de la estrategia) de un pueblo atemorizado (éstos no usan estrategia, simplemente corren) de un escudo, un guerrero y una mula, otra mula que curiosamente era la mejor amiga de la primera mula, decidió que tenía hambre y que quería comer.

Por si alguien no conoce la jerarquía del mundo mulero-burrero-caballil, sabrán las mulas mandan sobre los burros y los burros mandan sobre los caballos. Así que como la única mula que quedaba en la caballería campesina quería comer, todos obedientes pararon a comer con ella. Y ya se puede imaginar cualquiera la cara de los campesinos cuando veían que los bichos querían comer mientras el ruido estridente, histérico y atronador se iba acercando cada vez más y mas… Lee el resto de esta entrada »

Mientras nuestro querido guerrero estaba mirando alguna forma de calmar al escudo y que dejara de chillar, y se preguntaba cómo era posible que no hubiera nadie en el pueblo, la gente del pueblo estaba corriendo despavorida al bosque pensando que un grupo inimaginable de chalados histéricos, lloricas y a punto de parir les estaban atacando. Les daba igual que su lógica no tuviera sentido, ellos corrían todo lo que podían, los ancianos con artritis, los minusválidos, los que tenían las piernas rotas, los nenes que no sabían caminar.. TODOS de golpe corrían sin importarles el hecho de ellos NO PODÍAN CAMINAR, aunque claro, no caminaban.. CORRÍAN.

Corrían a ciegas, dejándose llevar por el instinto animal (sí, ese que los humanos no tienen) y por lo tanto olieron a los fuertes de su especie, y no, no fueron los de la caballería de caballos-no-alados-maldita-monocracia sino la la caballería campesina con burros y campesinos. Y corrían, corrían aunque ya no respiraran, corrían aunque se cayeran corrían con los brazos, lo importante era correr y huir del ejército ese raro…

Pero, armaron tanto escándalo que pusieron alerta a la la caballería campesina con burros y campesinos, que al ver tanto escándalo, se acojonaron también y se pusieron a correr ellos también huyendo de los que buscaban su protección.

Todos conocemos lo cabezotas que pueden ser las mulas, y si insistencia en ideas fijas, si quieren ir para un lado no te pongas por en medio que a ellas les da igual, quieren ir para allá. Así que uno puede imaginarse una manada de mulas cabezotas cabezonadas en ir a un sitio.. pero aún así no serían tan cabezotas como la cabezota que le tocó a nuestro querido guerrero.

La mula decidió que quería ser la primera en llegar al castillo, nuestro querido guerrero quería que llegara la última y el escudo sólo pedía que dejaran de forcejear que no se encontraba demasiado bien, que se sentía hinchado. Así pues mientras la mula corría, el guerrerro chillaba soooo y el escudo lloraba histérico por su malestar. Tal escándalo armaban, que al llegar al siguiente pueblo, donde técnicamente iban a pasar la noche se lo encontraron desértico.

– ¿Qué ha pasado aquí? – Preguntar nuestro querido guerrero, de golpe notó que en su espalda le recorría un líquido muy raro – Lechuga… ¿te has meado?

– Buaaaaa, yo no meo, pero noto como si algo fuera a salir de mí.

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Atención

En caso de que alguien empiece a leer ahora la historia, puede pedirme vía comentarios el cuento entero (escrito hasta el momento, evidentemente) para no tener que ir saltando de link en link.

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