El guerrero, aunque esa no fue su intención, empezó la marcha directamente hacia el castillo (justamente donde pulula la dragona con sus lacitos), pero como no entendía muy bien qué había pasado, y además el escudo no sabía explicarse porque sólo lloraba diciendo incoherencias (como que sentía pataditas en su barriga, cosa que precisamente él no tenía).. se sentía algo desorientado. Optó por elegir una dirección al azar, que fue justamente la que le llevaría a la boca de la dragona (los lobos ahora mismo no tienen nada que ver)…

Después de un buen rato de caminata, llegaron a una aldea donde se encontraba toda la “caballería” (burros y campesinos) que habían acompañado a la dragona, celebrando su victoria. Como nuestro querido guerrero no los había visto, pensaba que debían ser fiestas y quiso juntarse al jolgorio, así que optó por ir directamente a una taberna a ver si lograba algo de comida y bebida.

La caballería campesina, en cambio, sí le reconocieron y se pusieron en medio del camino, aunque no se sentían muy seguros (pues tenía un aliado dragoniando y un escudo llorando en su espalda), lograron mantenerse firmes.

– ¡¡Alto!! ¿Dónde vais?

– Pues.. a ver si consigo algo de comida… – se oyeron el rugido de unas tripas, y nuestro querido guerrero se mostró avergonzado – es que tengo un poquito de hambre…

– Ah, bueno – dijo uno que parecía ser el mandamás – De paso.. ¿te quieres unir a nuestras filas?