El escudo al ver la ropa, no pudo evitar descojonarse de risa (tampoco era de extrañar, ya de por sí era ridículo nuestro querido guerrero comoque encima tuviera que ponerse esa ropa), mientras el dragón se sorpresndía (ya se sabe, lógica dragoniana), que los hombres y las mujeres no sólo usaban ropa diferente, sino que ellas tenían toda una gama interminable de prendas interiores.

El guerrero que lo dejó todo por imposible, suspiró y se preparó para ir a su perdición cuando vio una nube un tanto extraña… La miró con más antención, y empezó a asociar ideas, el dragón debía haber alertado a la población y ahora iban a por ellos… se quedó paralizado.

– ¡¡JEFE!! ¿Qué te pasa?

– _____,_____,______

– ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? – Insisitó Lechuga (el escudo).

– Brrrrrr… bribribribri… ¡¡¡NOS ATACAAAAAN!!!