– La misión es fácil – le dijo el dragón – tú no destacas, por lo tanto, vas, la recoges y vuelves.

– A ver alelao – le suelta el escudo – ¿Cómo que él no destaca? Fíjate en el traje que lleva.. UN TRAJE DE BODA BRUJERIL. ¿Cómo no va a destacar? ¿Eh? ¿Eh? Primero hemos de ir de compras.

– Bueno… ¿pero seguro que los humanos tienen suficiente cerebro para darse cuenta que lleva un vestido diferente al de ellos?

– ¡¡DRAGONES!! – Resopló nuestro querido guerrero, ya un poco cabreado. Aún así, se abstuvo de decir algo más ya que por le momento se había librado del duelo. El dragón lo miró con cara de aburrimiento y les dio permios para comprar ropa nuva para nuestrto querido guerrero valiente.

– A ver, alelao – el escudo le daba igual, era un escudo mágico, ¿qué le podía hacer una criatura ancestral llena de magia? – Con qué dinero, ¿eh?

Esta vez quiern resopló fue el dragón, saltó, extendió las alas y se adentró en el valle. Una hora y media más tarde (más o menos.. a ojo, ya se sabe no había relojes), volvió con bolsas en las zarpas, en ellas, habría nombres/logos.. cosas raras escritas en ellas.

– ¡Los humanos sois imposibles! ¿A quién se le ocurre inventar algo para secar la ropa? Ahora ya no hay nada tendido… He tenido que investigar dónde había y traerla.

El guerrero abrió las diferentes bolsas: era ropa interior de mujer.