– Es cierto, no sabes mi nombre – dijo el dragon. De golpe, apareció una sospechosa sonrisa en su boca.

Nuestro querido guerrero decidió que ya no quería saber nada del nombre del dragón, ni de su familia, ni sus gustos amorosos o de sus aficiones, con la sonrisa que mostraba, era evidente que se pedía algo, algo no, MUCHO a cambio de esos datos cedidos.

– Si quieres saber mi nombre…. – dijo el dragón con tono sospechoso – tendrás que hacer un juramento antes conmigo, una espece de compromiso muy especial, porque como comprenderás, si sabes mi verdadero nombre, podrías tomar medidas legales contra mí por haber dado mis datos sin jurar nada antes sobre tu alma.

– Bueno.. si es tan complicado, no es necesario.. jjjje, jjee, jeee, je – le costó pero logró hacer una risa más o menos convincete.

– Tranquilo, es un juramento ancestral, muy imporante en todas las culturas, llamado..

– ¿Juramento de sangre?

– ¡¡HUMANOS!! Juramento de hambre, compañero, dos siglos de ayuno juntos, harán que nos unamos y pueda confiar en ti. Empezamos ahora mismo.

En ese justo momento, se oye el rugido de unas tripas: las de nuestro querido guerrero.