El dragón parecía francamente diveritdo con el tema de la chica sapo, que salió huyendo a la charca olvidándose de nuestro querido guerrero (aunque tal vez fuera que se espantó que el dragón, que ya era grande, fuera aún más grande). La muchacha, había ayudado al dragón a desahcerse del chaleco de dinamita porque era peligroso y podía matar a alguien (el hecho de matar a brujas y brujos pirujos, no era pecado mortal, pero a un árbol sí, lógica dragoniana), así que simplemente se quedó observando el desasosiego de nuestro querido guerrero.

– Hemos de hablar… – Le dijo el dragón, con una sonrisa un tanto sospechosa.

– L…llllo sé – contestó el guerrero desesperanzado.

– Tienes dos opciones, o un combate a muerte conmigo o.. me ayudas a cumplir mi misión.

El guerrero analizó las dos opcinoes, ninguna de las dos le gustaba pero por elegir, la de la misión tenía más pinta de mantenerse más rato vivo, así que accedió a acompañarle a la misión.

– Buen chico, buena elección – dijo sonriendo y mostrando de una forma bastante peligrosa (hasta aquí nos tiemblan los dedos a la hora de teclear) – Han secuestrado a la princesa de mi reino, un príncipe malvado humano nos la ha robado.