El guerrero se escabulló cuando la bruja estaba echando la siesta para alejarse de ella, con la suerte que fue en la misma dirección (más o menos) en la que se habían marchado el dragón y compañía.
Al rato, nuestro querido guerrero estaba cansado de caminar, pero como aún temía que lo encontrara la bruja, por lo tanto no se atrevía a parar, era mejor cansarse mucho más que ver a esa vieja enfadada porque el su ‘amor’ la había abandonado. Se puso a correr desesperado al llegar esa idea a su mente, sin darse cuenta por donde iba, y entonces tropezó con una piedra y se cayó por una pendiente muy empinada…

De golpe, notó algo húmedo ¡era agua! Estaba en medio de un pantano donde un dragón (su dragón), se estaba bañando, a su lado se encontraba la jovencita, que al verlo, empezó a chillar y a lanzarle cosas. Ella, estaba tan desesperada creyendo que el guerrero iba a sacrificarla para completar el ritual de ‘unión’, que le lanzó el escudo (y eso que el escudo no es para nada ligero).
De golpe el guerrero, en medio de una avalancha de piedras y ramas, ve que se le acerca un escudo cantarín (con alegría que tenía encima, que al despertar, había visto su dueño que había ido en su búsqueda, derrochaba bozarrones de felicidad) que le golpeó en todo el pecho, aplastándolo y haciendo que retrocediera unos pasos. El guerrero no pudo ir más para atrás porque entonces notó algo duro en su espalda…

El impacto, había hecho que el guerrero se chocara con el dragón. Estaba tan espantado porque ese ser monstruoso le estaba mirando, que dejó estar el dolor producido por el escudo en su pecho y lo dejó caer..

– Bien, bien, bien… Tenemos que hablar, pero antes… – El dragón, hizo un amago de sonrisa, lo único que consiguió fue enseñar aún más su dentadura afilada.

– S… ¿Sí..? – preguntó el guerrero.

– ¿Serías tan amable de frotarme la espalda? Es que no llego – Le dijo pasando una cosa deforme al guerrero que había estado usando como esponja.