El dragón al observar que su guerrero se estaba ahogando, que los brujos se estaban mosqueando, optó por coger a nuestro querido guerrero pero no había caído en que las brujas grandes suelen ser demasiado pesadas. Estiró, estiró y el escudo se llevó.

– ¡Yehaaa! ¡Estoy volando! ¡Uix! – vio que el guerrero no estaba con él – ¡Sálvame! ¡Soy tu escudo! ¡No! ¡No! ¡No te desmayes! ¡Puto guerrero! ¡Eh! ¡Tú, dragón! ¡Coge a esa niña! -. Con el pensamiento, que el guerrero iría tras el dragón para salvarla y por lo tanto también le salvaría a él… ¡Qué inocente el pobre escudo!

El dragón sorprendido por el escudo, lo dejó caer…

– ¡Aaaaaah!

Que cayó encima de la cabeza de una jovencita que iba a ser sacrificada por ser demasiado hermosa en honor a los nuevos novios. La chica, que no se lo esperaba cayó inconsciente bajo el poder del metal.

El dragón, que no era muy listo, cayó en la cuenta de la idea que le había dado el escudo y optó por secuestrar a la jovencita y en consecuencia al mismo escudo.

– ¡Mi sacrificio! – Gritó la madre de la joven.

– ¡Mi regalo! ¡Mi boda! ¡Oh! Mi amor… ¿Estás bien? – Preguntó la bruja, levantándose de golpe y elevando al pobre guerrero.

– Mi cuerpo… mmmm ¿Dónde está lechuga? Quiero decir… ¿Dónde está mi escudo? – Preguntó, viendo que no estaba en su espalda hablando.

– Se lo ha llevado el dragón.

– ¡VIVA!

– Junto a nuestro sacrificio, así que tendrás que ir a buscar al dragón, a recuperarlo, pero no te preocupes mi amor, yo te acompañaré, será nuestra luna de miel adelantada.

– ¡Oh! Mierda.