Mira la iglesia, nuestro querido guerrero se encuentra con un traje lleno de dibujos de florecitas y hierbajos, típico de los maridos de las brujas que suelen ser brujos (los magos son demasiado remilgados para ser interesantes), pero a algunas, todos los brujos les han servido de cena y prefieren hombres bien machos y luchadores porque tienden a resistir más con sus experimentos.

Nuestro querido guerrero con dicho traje y un escudo parlanchín va hacia la iglesia, huiría, pero hay demasiada persona con poderes raros para atreverse a hacer algo semejante…

– Tachán tachán, taaachan tachan, ta… Coño ¡MIRA QUE FEA ES ESA VIEJA! Ostia, mira esa otra… coño, ¡esto es un museo de horrores! – El guerrero intenta hacerlo callar, pero al darse media vuelta, Lechuga se gira también, pues, obviamente estaba atado a su espalda, la situación era bastante graciosa, al son que el escudo cantaba un ‘tachán tachán’ muy ronco, el guerrero intentaba atraparlo dando vueltas y más vueltas. Los insultos bailaban en el aire, al son de los berridos del escudo junto a los del guerrero. – Coño, deja de dar vueltas, joder, que me mareo y no será muy divertido manchar a todos estos cardos malayos.

– ¿Se puede que hacéis vosotros dos? Amor mío, deja de hacer el tonto y ves para el altar de cerebros de rata, que es allí donde me debes esperar.

– Sí…. – Cabizbajo fue para ese apestoso altar, no tenía ganas de casarse y mucho menos de oler cerebros de rata mientras celebraban esta ceremonia no deseada.

Subió al altar en cuestión y entonces vio aparecer un sacerdote con una cabeza de cerdo como sombrero, estaba tan sorprendido y mirándolo con cara de bobo, que no se dio cuenta de la que le venía encima. La Bruja Piruja, había llegado ya a su lado y le estaba dando un recatado beso (en otras palabras, la lengua de la bruja llegaba a la campanilla del guerrero). Nuestro querido guerrero casi se desmaya gracias al aliento de la bruja.

– Queridos brujos, brujas y víctimas, estamos aquí para unir una bruja y una víctima en mágico matrimonio, los dos han dejado claro que sí quieren, por lo tanto quien tenga un motivo para que no se realice este mágico matrimonio que hable ahora, y le mataremos o que calle para siempre y así vivirá unos minutos más.

– ¡Apelo! – Una estruendosa voz apareció en sus cabezas, todos miraron hacia arriba y donde anteriormente existía un techo, ahora había unos ojos de reptil amarillos. Era un dragón negro con un chaleco encima de dinamita que si explotaba, mataría todo lo que hubiese a kilómetros a la redonda (era mucha dinamita porque el chaleco le iba grande al dragón en cuestión).

La Bruja Piruja, cómo ‘dama’ que era, decidió que era un buen momento para desmayarse en dirección de nuestro querido guerrero. Ahora el guerreo luchaba por poder respirar, en lugar de preocuparse del dragón, se estaba ahogando por culpa del peso de la bruja…