Estaba nuestro querido guerrero tirado en uno de los sofás de la sala principal mirando al escudo, no se fiaba de él. Lo llamaban Lechuga y no sabía el porqué, pero finalmente, lo señaló y dijo:

– Lechuga.

Habían pasado muchos días desde el combate hasta que volvió a la realidad, entonces sus luchadores lo festejaron por todo lo alto, porque su héroe había superado la ‘maldición’ que ese Nigromante le había lanzado en venganza de ser derrotado.

– Lechuga me llama… ¡Psé! – El guerrero volvió de su ensimismamiento para ver quién había hablado, pero no había nadie a su alrededor. Como no tenía nada más que hacer, volvió a repetir el gesto y decir lechuga.

– ¡Lechuga tu madre!

El guerrero ya estaba atemorizado, no entendía lo que pasaba hasta que se fijó en un lateral del escudo donde se veía una cara gravada, y esa cara.. ¿¡Le estaba mirando!? “No puede ser, sólo es una ilusión óptica, tranquilízate”. Se acercó al escudo y…

– ¿Lechuga?

– ¡A que te arreo! ¡Maldito cagao de mierda! Ostia puta, hacía tiempo que un jodido hechizo no me jodía tanto… ¿Pero antes podía estar jodido? Mmm bah ¡da igual!. ¡Eh, tú, el desgraciao! ¿Eres el jefe? Pues vaya mierda, no me gustas para nada. Quita esa cara de gilipollas. No me molas. ¡Quiero largarme!.

– Pe.. per.. pero si hablas… ¿Tú no eres un escudo?.

– Eres gilipollas, o los sustos te han vuelto alelao… ¡pues claro que soy un escudo!. El hechizo que cayó sobre el nigromante me despertó ¿lo lanzaste tú?

– No… él.

– ¿¡ÉL!? JAJAJAJAJAJAJAJAJA, menudo imbécil. En fin.. tú eres ahora mi jefe, aunque no me gusta que me llames lechuga, lo aceptaré.

– Que el señor me ampare… – Y se desplomó, el ‘susto’ pudo con la poca mente que aún se mantenía cuerda.