– Oh vaya – se limitó a comentar el Nigromante.

Nuestro querido guerrero, no sabía cómo tomarse el cambio de rumbo de la situación, pues gracias a una pelea más bien estúpida, ahora tan sólo tenía que enfrentarse a un enemigo, pero que para el colmo, era muy, pero que muy peligroso.

– Y… ¿ahora? – Se atrevió a preguntar el guerrero.

– Bien, supongo que no hay más remedio – y empezó salmodiar un conjuro que tenía todas las de ser peligroso y mortal, y con un chasquido de dedos lo dirigió hacia nuestro querido guerrero.

– ¡Ostras! ¡Una moneda de oro! – Susurró el guerrero, sin creerse la suerte que tenía al haberla encontrado y se agachó sigilosamente justo en ese instante, para que nadie la cogiera antes que él.

Para sorpresa del Nigromante, el cuerpo del guerrero desapareció de la trayectoria del hechizo yendo a parar a un escudo. Como todos los grandes y peligrosos escudos, éste tenía la capacidad de reflejar aquellos hechizos que iban contra sus dueños.

Y el hechizo como no tenía nada más interesante que hacer, fue a parar directamente hacia el Nigromante, convirtiéndolo en un abrir y cerrar de ojos en un montón de llamas humeantes y apestosas. Sorprendido, el guerrero valiente se levantó, ahora un ‘poco’ más rico y dedujo lo que había pasado. “Debe ser un buen escudo” se comentó mientras iba, lo cogía y lo sopesaba.

Varios soldados al ver el hechizo salieron corriendo del fuerte y vieron la imagen: Nigromante 0 – Guerrero 1, o mejor dicho, uno semi-calcinado y al otro cargando con un hermoso escudo, de orígenes más bien dudables. Le vitorearon, hasta que se quedaron sin aliento pero para entonces habían más para sustituirlos.

EL guerrero fue conducido hacia adentro y con él iba el escudo. Alguien le comentó que tendría que poner un nombre al escudo, pero a él le daba igual el escudo, tenía hambre y le apetecía comer un poco de lechuga.

– ¡Lechuga! – Gritó, pedía una lechuga, pero los demás no lo interpretaron así.

Ese es el motivo por el que el escudo de orígenes dudosos fue llamado a partir de entonces lechuga. Si el pobre escudo tuviera conciencia, seguramente eso le mosquearía bastante.