– ¡Señor, señor!

– ¿Q…qué? – Se incorporó de su lecho, no sabía que pasaba, solo notaba que alguien le estaba gritando y no entendía porqué le tenían que molestar, estaba cansado y agobiado, se había librado de la muerte dos veces esta semana y no tenía ganas de tener ninguna aventura más.

– Tiene una visita… algo grande, mi señor.

– ¿C… cómo? ¿Una visita? ¿De quién? ¿Algo grande? ¿Cuántas personas son? – Se estaba espantando…

– Personas.. pues una, mi señor – dijo el guardián entre carraspeos.

– Bueno, si es sólo una persona… – Comentó esperanzado.

– Sí señor una persona, pero viene acompañada con… ejem. – La cara del guardia era alguien algo, bastante, bueno muy incómodo, hablar con su héroe de un tema tan, tan.. especial.

– ¿Con animales de compañía? – Preguntó extrañado, era raro que le viniera a ver una persona con muchos animales de compañía, pero en el mundo, al menos en el de nuestro querido guerrero tiene que haber de todo, si no, no estaría él.

– Más bien no, mi señor, debería ir a verlo en persona – Miedo, temblores, tragar saliva… pobre guardián, no sabía como reaccionaría el temido guerrero (pobre guerrero, todos le tenían miedo y nadie sabía la verdad).

Y allí fueron, a la entrada de la fortaleza (donde se hospedaban el ejército que le había dado el Rey de nuestro querido guerrero para que defendiera los territorios). Miró a su alrededor y observó un terrible nigromante con cara de pocos amigos, pero no iba solo, le acompañaban quince trolls, cinco dragones, treinta minotauros y unas veinticinco cosas amorfas. Todos le miraban con odio y un poco de respeto.

Nuestro querido guerrero se puso pálido, terriblemente pálido, su intuición le decía que corría peligro, que mejor que huyese, pero, temía más la reacción de sus luchadores que la de esta variopinta trouppe.

– ¿Qué deseáis de mí? – Dijo en un intento de ser valeroso y orgulloso, aunque más era una burda imitación de ello.

– Ganaste al hombre que nos derrotó. – No era una pregunta, el nigromante lo afirmaba.

– Puede ser.. – Dijo nuestro querido guerrero más bien sorprendido por el comentario.

– Hemos venido a apelar.- Siseó uno de los dragones.

PLUM, y llegó a los mares de la inconsciencia, tras un ¡oh mierda! Nuestro querido guerrero se desmayó.