La cara de nuestro querido guerrero estaba lívida, y aunque muchos pensaran que era fruto de la ira por aquél acto de cobardía de sus enemigos, era del susto y de la que se había librado. Maldita suerte, no le gustaba morirse, como a nadie, seguramente; pero lo que menos aguantaba era tener que estar a punto de morir miles de veces y gracias a las cosas más extrañas y menos lógicas del planeta, salvar a su ejército y al contrario sin más que una o dos muertes.

– ¿Por qué a mí?, pero ¿por qué? – Gimoteó el pobre guerrero, estaba asustado y sorprendido.

– Sí mi señor, es vergonzoso que huyan de tal manera cuando en realidad tendrían que estar contentos de luchar contra tan magna figura – Era uno de sus comandantes, orgulloso y valiente, seguía el ejemplo de su ídolo.

Y allí, el guerrero, en la cima de la colina, viendo como se iban los enemigos, descorazonado, agotado, suplicaba para que esta farsa acabase pronto, no era posible que siempre ganara.

Las moscas, odiosas moscas, la vez anterior había sido un saltamontes. ¿Qué sería la siguiente?. En esos momentos apareció como por arte de magia una flecha, el caballo se espantó y tiró al guerrero.

Un desafío, a muerte, con un rey que había ganado a dragones, a trolls y a minotauros. Temido y honrado por todos, era la única persona que podía hacer sombra a su leyenda..

– Oh no… pero… ¿por qué yo? ¿pero por qué? – Gimió desconsolado.

Como siempre, confundieron sus gemidos con risa poco controlada. No entendían el chiste, pero tampoco importaba. Él era inteligente, valiente, grandioso y poderoso, ellos simplemente peones que tenían que protegerlo si fuera necesario, aunque tenían sus dudas de la existencia de tal necesidad. Igualmente estaban orgullosos de ello.