Nos encontramos delante de un gran guerrero o al menos eso dicen, ha ganado grandes lizas y ha evitado muchas muertes. Pero en realidad no es tan valiente, está cagado de miedo. Todas las otras veces ganaba por pura potra, no sabe cómo, todos confían en él, pero no es capaz ni de desenvainar su espada.

Está frente la batalla, allí, el olor a guerra inunda los senos nasales, el miedo y el nerviosismo se apodera del enemigo, es el gran héroe, el imbatido. El guerrero va a lanzar un grito de guerra pero en lugar de eso sólo se le oye un suave murmullo… estupefacción a más no poder.

Una mosca viene volando, maldito bicho, y se posa en la nariz del gran guerrero. ¡Qué gran suerte la suya! Entre los picores nasales y los nervios se las arregla para desenvainar, con tanta fuerza que sale disparada hacia el enemigo.

El mandamás cae al suelo con la espada clavada en el corazón, desbandada de el resto del ejército.

Ha vuelto a ganar y nadie sabe exactamente como.